Guadalupe, Madre mía

Por Eduardo Duque, para el libro de las Fiestas 2010

Otro año San Matías

se prepara para verte,

para esperarte, quererte

y celebrarte en tu día.

Nuevamente, Madre mía,

San Matías se engalana

dándote la más cercana

realidad que le acontece

porque menos no merece

la Virgen de Puntallana.

 

 

Pero este año, Madre mía,

es difícil, complicado.

¡Cuántos hay que están parados

y en aumento día a día!

Y cuando la travesía

de nuestra senda vital

se hace dura y todo mal

lo percibimos en ella,

más nos hace, Virgen bella,

falta tu amor maternal.

 

Y en estos tiempos tan duros

ten , Madre, bajo tu amparo,

a los pobres en el paro

a los niños sin futuro.

Las familias en apuros,

a tantos que no tienen nada

y de ti, Virgen sagrada,

esperan mirando al cielo

el sacrosanto consuelo

de tu maternal mirada.

 

Mas que el destino deudor

y negro que nos espanta

no calle nunca a tus plantas

los sonidos del tambor.

Que tu luz y tu calor

nos guarden y nos protejan

y que a cada pena aneja

dejes la flor de tu amor

para que calme el dolor,

y alivie llantos y quejas.

 

Sé Madre, pues, esa estrella

ese faro de bonanza;

luz que en la desesperanza

con nuevo fulgor destella.

Deja al pasar una huella

de valor, de valentía,

y ayúdanos cada día

a estar alegres y unidos.

Sólo esta cosa te pido,

Guadalupe, Madre mía.

 

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